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Por:alejandrosalmónaguilera
María Ávila Serna es, dicho en sus propias palabras, una coqueta. Hablando, claro está, en materia de negociaciones políticas.
La dirigente del Partido Verde Ecologista de México usó el verbo “coquetear” para referirse a las negociaciones que tenía a la vez con el Partido Revolucionario Institucional y con Acción Nacional para establecer probables alianzas electorales para este año.
“Nos han coqueteado”, solía decir la también diputada local, para referirse a los acercamientos que tenía con priístas y panistas para ver la forma de ir juntos en esta elección, ya sea con el uno o con el otro.
Pero el coqueteo le iba a salir muy caro al PRI, porque la diputada “verde” les pidió las perlas de la virgen a cambio de tener a César Duarte como candidato y de apoyar al tricolor en los 22 distritos y en los 67 municipios. Nada menos que cinco diputaciones (de las 22 que, en el mejor de los casos, alcanzaría el PRI) y que el área de Ecología pase a ser secretaría, con ella, claro está, como titular.
Así de fácil. Cinco curules, una secretaría y otras tantas regidurías. Todo a cambio de una promesa difícil de cumplir: arrimarle a la alianza el 7 por ciento de votación que tuvo el PVEM en la elección del año pasado.
De lo que se olvida la coqueta diputada juarense es de que su partido logró ese porcentaje histórico gracias a una obscena campaña mediática apoyada por Televisa y TV Azteca, y no precisamente porque estas empresas estuvieran muy preocupadas por la ecología, sino porque sus alfiles ocupaban los primeros lugares de la lista “pluri”.
Sin miles de spots con la niña Perroni y el conductor Araiza; sin la barata oferta de matar secuestradores, sin una estructura real, el PVEM no tiene con qué retener el 7 por ciento de votación y difícilmente podría volver a alcanzar el 2 por ciento.
La última carta que se juega la coqueta de la política es hablar con César Duarte y si éste no le da “el sí”, correrá a buscar los brazos de Cruz Pérez Cuéllar, quien ya le ha llevado dos o tres serenatas políticas. Habrá qué ver si el panista tiene cinco diputaciones para darle.
Pisotones…
El gobernador del estado hizo ayer una declaración que es un verdadero artículo de colección: “todo esto tiene que ver con los controles internos que hemos venido poniendo los últimos días”
A ver si le entendimos al “gober”: dos bandas de narcotraficantes se disputan el control del CERESO a punta de balazos. ¿Qué no se supone que el CERESO está bajo el control del Gobierno? Que conste: lo dijo el gobernador, cuyos subordinados, el secretario de seguridad pública y el director de penas son los que deberían tener el control del penal. De la recurrente detonación de armas de fuego dentro del penal, el gober ni se inmuta.
El paso de Pablo Cuarón por las campañas internas del PAN sigue haciendo eco. En buena medida, los argüendes mediáticos que causó el juarense contra Carlos Borruel asustaron al panismo local y nacional, de modo que optaron por irse en una elección a puerta emparejada, es decir, reservada sólo para “los amigos”. Para la dirigencia panista, aguantar un vendaval de denuncias en Juárez, en Chihuahua o en Delicias iba a ser insostenible.
Mismo criterio aplicó el PRI: las elecciones de “dedazo” se aplicarán en los 48 municipios más grandes, y ensayará la democracia sólo en los que ya son prácticamente pueblos fantasmas. Para darnos una idea, el municipio más grande donde habrá elecciones de candidato priísta es Guachochi.
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